El Asesino Silencioso Altamente Adictivo: El Azúcar

Si usted esta interesado en temas de la salud, obesidad, diabetes, colesterol, triglicéridos, epidemiología, etc. no es para usted ninguna novedad la aseveración de que el azúcar y no la grasa es uno de los alimentos más letales de este siglo.

Uno de los doctores que más ha investigado sobre este tema es el Doctor Robert Lusting, quien ha dedicado 16 años de estudio a la obesidad infantil. Sus investigaciones más profundas lo han llevado a publicar sus disertaciones sobre el impacto que tiene el azúcar en la salud de diversas culturas alrededor del mundo.

El Doctor Lusting asevera que con el azúcar pasara lo mismo que con el tabaco, cuyos efectos han sido tan dañinos para la salud y ha provocado la muerte de millones de personas que los gobiernos no han tenido otra opción que atacar el problema con leyes que protejan y adviertan al consumidor sobre sus efectos altamente nocivos para la salud.

Lusting asegura que el azúcar crea una dependencia difícil de resistir. El azúcar desencadena un mecanismo de reacción hormonal, un ciclo difícil de abandonar por pura fuerza de voluntad. Usualmente un individuo que consume alimentos con altos contenidos de azúcar sentirá la necesidad desesperada de su consumo regular a lo largo del día. Si este individuo intentara dejarlo sentirá la sensación de mucha sed y ansiedad incontrolable, es parecido al efecto de tratar de dejar de fumar o consumir drogas.

La hormona que desata todo este mecanismo de dependencia y estrés es el cortisol. Cuando el cortisol fluye por el sistema sanguíneo incrementa la presión sanguínea, los niveles de glucosa en sangre y el deseo irresistible por el consumo de alimentos altos en calorías, en especial los altamente azucarados.

Niveles altos de cortisol durante el sueño, interfieren negativamente con la sensación de descanso e incrementan la sensación de hambre por alimentos azucarados a la mañana siguiente.

El problema con la obesidad no es el exceso de peso, el problema radica en que el cerebro no es capaz de distinguirlo. Nuestro cerebro no tiene un sentido de la obesidad, ya que nuestro apetito se rige por un tipo de sistema binario conformado por dos estados:

- El de anorexigenesis que le dice al cerebro “no tengo hambre y puedo quemar energía”

- El de orexigenesis que le dice al cerebro “Tengo hambre y quiero almacenar energía”.

El interruptor que apaga uno o por ende el otro es el nivel de leptina (la hormona que regula la grasa corporal). Desafortunadamente altos niveles de insulina en la sangre bloquea las señales de la leptina y nos hace entrar en fase orexigenesis de manera automática.

Un individuo encontrara muy difícil de resistir la ingesta de alimentos con alto contenido calórico si desafortunadamente, esta persona es resistente a la leptina, es decir si su insulina es demasiado alta debido a la ingesta de alimentos con alto contenido de azúcar.